Sus lágrimas conmovieron al mundo del futbol, su imagen era el fiel reflejo del calvario que se estaba viviendo. Clovis Fernandes sujetaba con fuerza una insignificante réplica de la Copa del Mundo, tal vez se negaba aceptar que era el final, el momento de resignarse a una condena que comenzó hace 64 años en una tarde en el Maracaná. La esperanza de ganar un Mundial en su país se desvanecía con cada golpe alemán.
  
Hace tiempo que Brasil no está solo, juega con un hombre más. “Soy el jugador número 12, puedes estar seguro de eso. Soy el que alegra, soy el que grita, soy el que hace promesas” sentenció Clovis.

México '70 fungió como la semilla de un amor que jamás debe ponerse en duda, ese sentimiento que caracteriza al hincha brasileño, que sentencia una vida de completa fidelidad a los colores verdeamarela.   

Años de trabajo duro lo llevaron hasta su primer Mundial en Italia ’90, donde comenzó a sentir el dolor de una eliminación. Lo vivido en esa Copa del Mundo lo motivó para convertirse en un trotamundos, recorrió 66 países persiguiendo a su selección. Fue a los Mundiales de Estados Unidos ’94, Francia ’98, Corea-Japón ’02, Alemania ’06 y Sudáfrica ’10. Su pasión desenfrenada lo orilló a vivir seis Copas América, cuatro Copas Confederaciones y una edición de Juegos Olímpicos.         

El gaucho de la Copa, como era conocido, mostró al mundo lo que es el verdadero amor, ese amor imbatible que produce celos entre los hinchas. Su sombrero y bigote lo caracterizaban, además de su fiel acompañante que nunca lo abandonó, que regodeó en sus brazos con recelo, pues era el oro más codiciado del futbol.

La historia tiene muchas coincidencias. En su primer Mundial, Fernandes vio como Argentina eliminaba al anfitrión Italia, para gestarse una final entre alemanes y albicelestes. Ahora, 24 años después se repite la historia. El anfitrión quedó eliminado y la final la protagonizarán las misma selecciones que en el Mundial del ’90, sólo que está vez, el verdugo del anfitrión fue el conjunto teutón.